La Muerte calaña
 


 
Antecedentes históricos de la representación de "La muerte"

“La muerte”, como representación simbólica del final de la vida humana, aparece desde antiguo en numerosas manifestaciones populares y religiosas, adoptando diversas formas y maneras.

Surge primeramente en fiestas populares, generalmente carnavalescas, en las que algunas personas se disfrazaban de “la muerte” para infundir terror o tratar, adoptando su personalidad, de sortearla o retrasar su llegada, realizando ritos y danzas de extraño significado.

Son conocidas las “danzas de la muerte” o “danzas macabras” que en la Edad Media se prodigaron por toda Europa y aparecen en pinturas, códices y esculturas, protagonizadas por esqueletos que danzan. En ocasiones van asociadas a las epidemias de peste y a las numerosas guerras que durante siglos asolaron el continente.

Danza macabra en una iglesia de Clusone (Italia)


La muerte era considerada como un castigo a los pecados de la humanidad y al pecado original primigenio por el que el hombre quiso igualarse a Dios.

Ya en el renacimiento y, sobre todo, en la época barroca la muerte aparece como el final biológico de la vida, inexorable y que llega sin avisar. Más que un castigo es una fatalidad del ser humano y un límite a su existencia. Por eso se exalta el disfrute de la vida y el placer de los sentidos, ya que el plazo de la vida es breve.

Las manifestaciones populares, especialmente las religiosas, se hacen eco de esta preocupación y sentimiento del ser humano ante la muerte y la Iglesia se encargará especialmente de recordar a todos sus fieles su presencia permanente y que se debe estar preparado para cuando llegue, inesperadamente, y sean sopesadas las buenas y malas obras que tendrán como consecuencia que las almas terminen en el cielo (la gloria) o en el infierno (el fuego eterno).

“La muerte” puede aparecer representada de forma viviente, adoptando una persona su identidad. Para ello se suele vestir de negro, a veces con un esqueleto pintado sobre el traje, y lleva algún elemento simbólico que la caracteriza, generalmente la guadaña (siega de vidas) o la balanza (peso de las buenas y malas obras).

Danza de la Muerte de Verges (Girona)

También se ha representado en forma de esqueleto llevado en andas, bien hecho de madera u otro material. A veces el esqueleto era humano, dotándolo de un armazón de alambre o similar para darle estabilidad y mantener unidos los huesos.

Por último aparece pintada en estandartes de tela o tablas de madera, a modo de cuadros, para conseguir un efecto similar a los anteriores.

Sabemos la existencia del personaje “la muerte” en las procesiones del Corpus y, sobre todo, en las relacionadas con la Semana Santa.

En Tudela no se conserva referencia en documentación escrita de la presencia de “la muerte” en la procesión del Corpus, aunque se supone que existiría algún personaje o representación al respecto, tal como aparecen en otras procesiones que perviven hasta la actualidad, como la de Valencia en que participa el personaje “la muerte” de forma viviente.

De esta forma, con su macabra presencia, se recordaba a las gentes, que festejaban con jolgorio la gran fiesta de la Eucaristía, que la muerte siempre estaba al acecho y no podía ser olvidada a pesar de los efímeros disfrutes mundanos.

Sí que se conoce la presencia de “la muerte” en la procesión del santo Entierro de Tudela que se celebró en su forma barroca con personajes y pasos vivientes, por lo menos desde el siglo XVII hasta mitades del siglo XX, en que se eliminaron, dándole otra estética y contenido a la procesión.

 
Original
Nuestra réplica
 
Estandarte de "La Muerte calaña" que conserva la Hermandad del Santo Sepulcro de Tudela

En este caso “la muerte” era representada por un gran estandarte de tela rígida con fondo negro en el que aparece pintado un gran esqueleto, de pie, portando una guadaña en cuya hoja lleva la inscripción: “Hodie mihi, cras tibi” y un cartel con la leyenda, también latina: “Némini parco”.

Este estandarte, que en Tudela era denominado popularmente de “La muerte calaña”, se hizo en los años 1850-1851 para sustituir a otro anterior, posiblemente idéntico, que podría datar del siglo XVII.

El estandarte de “la muerte calaña”, que todavía conserva la Hermandad del Santo Sepulcro de Tudela, se encuentra en un estado de conservación bastante aceptable a pesar de su antigüedad y está perfectamente documentado a través de dos anotaciones en el libro de actas de dicha Hermandad, que nos han sido facilitadas por Félix Milagro González y que dicen así:

 

5 de junio de 1850
“Se acuerda renovar todos los estandartes y banderas pues son de tela y están estropeados entre ellos va el estandarte de la muerte”
“Se manda pintarlo a Esteban López, maestro de Dibujo del Instituto, que por ser para una Hdad. Religiosa sólo cobra por ello 73 duros”.
Se compran las telas y pinturas en Bayona, Francia, por ser mejores y más baratas, hay uno de la Junta que suele ir allí a veranear y las compró”.


16 de marzo de 1851
“Se acuerda pagar lo realizado pues faltan de pintar de las 12 de las tribus de Israel 7, pero la de la muerte sí está; se le paga en esa fecha 280 R de Vellón, ósea 56 duros”.


Al recrear en Tudela las tradiciones históricas del Corpus, se ha optado por formar un colectivo en el que “la muerte” esté encarnada por el personaje viviente, acompañado de una réplica del estandarte de “La muerte calaña”, otros dos estandartes más y tres músicos.