La Muerte calaña
 


 
"La muerte calaña" en el el desfile barroco del Corpus Christi de Tudela

 La representación de “la muerte” regresó a las calles de Tudela en el desfile barroco del Corpus del año 2012, tras dejar de salir el gran estandarte de “La muerte calaña” en la Procesión del Santo Entierro a mitades del siglo XX.

El colectivo “La muerte calaña”, cierra la parte simbólica del desfile, que comienza con el grupo de cabezudos “El Demonio y los pecados”, seguido del colectivo “La Tarasca de Tudela”. Su posición, al final del ciclo simbólico del desfile, no es casual. Hace alusión al significado que la muerte tenía en el barroco, como recordatorio permanente a las gentes de la brevedad y fugacidad de la vida (“Tempus fugit”) y de su presencia inexorable (“Némini parco”).

La presencia de “La muerte calaña” forma parte de la iniciativa de recuperación de las tradiciones históricas del Corpus de Tudela que, iniciada el año 2009, ha emprendido el Centro Cultural Miguel Sánchez Montes, mediante la implicación de varios de sus colectivos, y que culminará el año 2014.

Cada año irán saliendo a la luz nuevos aspectos y elementos de las antiguas tradiciones que conformaban la procesión barroca del Corpus Christi de Tudela.

Durante el desfile del Corpus los 7 componentes del colectivo desfilan con silencio y sobriedad, transmitiendo un efecto macabro, siniestro y espectral, sólo roto por los toques lúgubres que emiten los músicos tañendo las campanas de mano y haciendo sonar sus timbales “destemplados”.

Participan junto al grupo de cabezudos “El Demonio y los pecados” y el colectivo “La Tarasca de Tudela” en la representación del auto sacramental “Escenas barrocas del Bien y del Mal”, que tiene lugar en la Plaza de los Fueros.

Comienza la escenificación con el personaje “la muerte” que ordena el ataque y las acometidas de los malignos contra el público espectador, simbolizando que todo tipo de males y desgracias se abaten sobre la humanidad: hambre, violencia, pestes, guerras, catástrofes naturales y otras calamidades a causa de la maldad y los pecados de los seres humanos. El demonio, los cabezudos-pecados, la Tarasca y los siniestros tarasqueros serán los encargados de personificar todos los males que afligen al mundo, acometiendo con ferocidad y ruidosa algarabía a los espectadores.

En una de las danzas que los cabezudos-pecados bailan para celebrar el triunfo del Mal (Folía de los pecados) “la muerte”, junto con el demonio, recibe el homenaje de los pecados, alzando ambos los símbolos que portan (guadaña y tridente) como señal de complicidad y triunfo.

Sólo la posterior presencia de la Doncella, como enviada celestial, que trae la luz, la Gracia de la Eucaristía y el perdón a los pecadores asustados y arrepentidos, disipará la amenaza de los malignos, arrojándolos al abismo infernal y a las tinieblas, simbolizado por su expulsión de la plaza y su desaparición del escenario, volviendo las cosas a su estado de equilibrio natural.

“La muerte” y su lúgubre cortejo, que han permanecido apartados pero presentes, presenciando el desarrollo de los acontecimiento, se marcharán en último lugar, tranquila y pausadamente al ritmo de sus instrumentos, simbolizando su inexorable presencia al final de la vida.