La Tarasca de Tudela
 


 
Antecedentes históricos de la Tarasca de Tudela.

La Tarasca es un elemento imprescindible en las procesiones del barroco en honor al Corpus Christi.

En los años posteriores al Concilio de Trento, como reacción al Protestantismo, se incorporan a la celebración de la Fiesta de la Eucaristía: gigantes, cabezudos, tarascas y otras figuras, constituyendo un séquito grotesco que representa a los pueblos paganos, diablillos y seres malignos que con su presencia en la Procesión patentizan la Majestad de la Eucaristía y su “soberanía” sobre todos los pueblos de la tierra, acatando y reconociendo el poder supremo de Cristo sobre todo el Orbe real e imaginario.

Tarasca de la procesión del Corpus de Madrid. 1667

El gusto de los monarcas, nobleza y clases pudientes por lo exótico, acentuado por el comercio con Oriente y el descubrimiento del Nuevo Mundo, que aportó animales, plantas y razas humanas hasta entonces desconocidas en Occidente, sirvió de inspiración y modelo para esas representaciones.

También la curiosidad y sorpresa que causaban los seres humanos grotescos y deformes como enanos, personas de altura inusual o con partes de su cuerpo desmesuradas, que ejercían de atracciones de circo o de bufones en las cortes, hizo que esas personas fueran, así mismo, representadas.

Desde finales del siglo XVI y principios del XVII se prodiga la aparición de estas figuras profanas, además de músicas y danzas, para exaltación de “La Divina Majestad”. Especialmente, las Catedrales organizan sus comparsas de “gigantones y cabezotas”, dotándolas también de la figura de La Tarasca.

En Tudela, las primeras noticias fiables y precisas que nos hablan de gigantes y tarascas aparecen a principios del siglo XVII. El tudelano, Felipe Terrén, figura como constructor de unas cabezotas de cartón sostenidas por unos bastidores de madera.

La Tarasca de Tudela. Corpus Christi 2010

Es el año 1614 cuando esas figuras aparecen documentadas, por primera vez, acompañando a la Procesión del Corpus. Según el libro de cuentas municipales de ese año, además de los gigantes, también se menciona la existencia de otra figura, llamada “aytacharca” o tarasca, que sería una especie de serpiente de enorme cola.

Las cabezotas fabricadas por Terrén eran ocho: “dos gigantes de blanco encarnado, dos de blanco amulatado, dos negras finas y dos enanos blancos”.

Terrén, que era platero de profesión y dirigía esa comparsa, cobró por su trabajo 12 ducados y, como reflejan los documentos de la época: “regocijaron aquellas por las danzas que hicieron”.

Poco después, en 1616, aparece otra figura, ya que el libro de cuentas recoge el abono de 28 ducados a Felipe Terrén por sacar “los gigantes, aytacharca y un caballico”. El año siguiente, la comparsa sigue creciendo, ya que salen en las procesiones del Corpus, Octava y Santa Ana, “gigantes y ocho ingenios (incluida la tarasca) que anduvieron en ella regocijando la fiesta”.

Zaldikos ( caballicos ). Corpus Christi 2010

Consta que Felipe Terrén estuvo a cargo de esta comparsa al menos hasta el año 1622.

Después de Felipe Terrén aparece otro personaje, Francisco Gurrea, que parece ser el que más tiempo se encargó de danzar los gigantes, desde 1653 hasta 1708.

Desde el inicio del siglo XVIII se fueron poniendo trabas a la participación de gigantes, tarasca, danzas, enanos y cabezotas en la Procesión del Corpus, mediante diversos decretos obispales que intentaron depurar la Fiesta de estos elementos profanos, en especial las danzas.

No consta con precisión cuando dejó de participar La Tarasca en la Procesión del Corpus de Tudela. Sería, seguramente, a partir del año 1781, cuando Carlos III emitió una Real Cédula estableciendo que “en ninguna iglesia de estos reinos, sea catedral, parroquia o regular, haya delante danzas y gigantones, y cese del todo esa práctica en procesiones y demás funciones eclesiásticas, como poco conforme a la gravedad y decoro que en ellas se requiere”.

Con fecha 21 de julio de 1781, Ignacio Lecumberri, que acababa de ser nombrado Vicario General del Deanato de la Catedral de Tudela, remite un escrito a la Ciudad en el que transmite la Carta Orden y Real Cédula de S.M.

El texto, literalmente, dice: “verá usted la disposición de que en las procesiones y demás funciones eclesiásticas no se permitan danzas, ni gigantones como poco conveniente a la gravedad y decoro que en ellas se requiere, y estando tan próxima la festividad de Nuestra Gloriosa Patrona Santa Ana, es de mi obligación prevenir a usted que el modo de cumplir con la laudable intención de S.M. es no permitir la unión, o mezcla de lo sagrado con lo profano”.

Por estas palabras se puede deducir que las danzas, gigantones, enanos y tarasca entraban en el templo, bien entre la procesión o acompañando al Ayuntamiento en los actos religiosos a los que asistía la Corporación.

Gigantes de la Comparsa Perrinche. Corpus Christi 2010

Ante esta situación, el Cabildo de la Catedral de Tudela encuentra la forma de cumplir con el mandato Real, pero sin suprimir la tradicional costumbre de los gigantones, enanos y tarasca. Aconseja a la Corporación que no entre en la iglesia con las danzas si los oficios ya están iniciados y “dispone que la danza de Valencianos se quede en la puerta de la iglesia” para que no interrumpan con su bullicio, dice el documento.

En cuanto a la procesión, propone una solución satisfactoria para todos: la danza puede ir delante de las cruces “mediando algún espacio”, de manera que no vaya unida ni incorporada a la procesión. Pide, además, que un servidor del Municipio (alguacil) se coloque detrás de la comparsa para observar el cumplimiento de la norma“ e impida que sean causa de detenerse la procesión”.

Estos enanos y gigantes, que abrían la Procesión del Corpus y otras procesiones de Tudela, pasarían paulatinamente del ámbito religioso al profano y se harían presentes en las Fiestas populares de la Ciudad.

La Tarasca no tuvo la misma suerte que los gigantes, cabezudos y enanos, dejando de utilizarse en los años posteriores a 1781, quizás por su mayor envergadura o complejidad de manejo y almacenaje.